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El dólar: mitos y verdades a medias

Realidades del billete verde


Los uruguayos le damos demasiada importancia al billete verde. Vivimos pendientes de las pizarras de los cambios, cuando la vida económica pasa por otra parte.

Si hay una variable económica que obsesiona a los uruguayos es el tipo de cambio. "¿Qué va a pasar con el dólar?", es la pregunta por excelencia a la que todo economista se enfrenta en su vida cotidiana.

De esa manera, le damos al billete verde una importancia que no tiene. El dólar es, para los uruguayos, el termómetro por excelencia del clima económico. A una suba brusca en la cotización le acompaña siempre un período de prudencia exacerbada y una menor propensión al consumo y a la toma de grandes decisiones económicas.

Uruguay es un país con dos monedas, una propia y una ajena. El dólar es la moneda en la cual los uruguayos realizamos las transacciones económicas más relevantes y dejamos el peso para las compras cotidianas.Es como una fobia a los números grandes que tenemos todos, a los muchos ceros en las cifras. Con dos o a lo sumo tres nos sentimos cómodos, tranquilos. Pero cuando aparecen cuatro ceros en un mismo precio, no cobramos consciencia de su magnitud hasta que la dividimos mentalmente, primero entre 10 y luego entre dos.

El precio de un apartamento en el mercado inmobiliario uruguayo se expresa en dólares y en eso no hay dos escuelas. A la hora de firmar una compraventa, las que cambian de mano son divisas y nunca, jamás, pesos uruguayos. Lo mismo sucede en el mercado automotor y, con montos más bajos, en el de la informática y los grandes electrodomésticos.

Hay una explicación histórica detrás de ese comportamiento. Las décadas de alta inflación que dejó atrás el cambio de siglo, llevaron a los uruguayos a desconfiar del peso y su valor de reserva. Para mantener el poder de compra, había que pasarse a una moneda fuerte y el dólar era ideal porque siempre aumentaba de precio en el mercado cambiario. El billete verde fue durante mucho tiempo nuestro lugar seguro y si bien ya no tiene esa característica, esa noción sigue vigente en el imaginario colectivo, ahora como un mito o una verdad a medias.

En los últimos años, con algunos vaivenes, el dólar bajó y lo hizo de forma acelerada. En ese período, aquellos que cambiaron a dólares sus ahorros perdieron dinero. Hoy tienen menos pesos que hace cinco u ocho años. Pasarse a dólares fue un mal negocio porque, por más absurdo que pueda sonar, se trata de una opción arriesgada.

Pasarse a dólares es una apuesta a que su cotización va a subir. Si bien el razonamiento era válido en la década de 1990 y había suficiente evidencia empírica para sostenerlo, hoy ya no tiene sentido.Apostar por una suba del tipo de cambio en el mediano y largo plazo, en un contexto de recesión en Europa que amenaza con ser dura y prolongada, y de débil recuperación de Estados Unidos, es una jugada demasiado aventurada. Si uno quiere despreocuparse por sus ahorros y no andar arriesgando su dinero, el dólar no es una opción razonable.

En cambio, son las unidades indexadas la opción de ahorro más conservadora para un uruguayo, debido a que su ajuste de acuerdo a la inflación le permite mantener siempre su capacidad de consumo. Pase lo que pase con los precios y las cotizaciones, va a poder comprar siempre la misma cantidad de bienes y servicios. Eso es seguridad y no someterse a la timba que es hoy en día el mercado de cambios, con su enorme volatilidad e incertidumbre.

¿Pero qué pasa si ahorro para comprarme una casa? Más ventajosa aún es la unidad indexada. Si bien el precio de los inmuebles se expresa en dólares, se encuentran determinados por factores vinculados a la economía doméstica y por lo tanto, al peso uruguayo. A lo largo del tiempo, detrás de las subas y bajas en el precio de los inmubles medido en moneda local, está la evolución de los ingresos y en particular, de los salarios.

Es cierto que un inmueble que hace menos de una década costaba US$ 50.000 hoy anda en los US$ 100.000. Pero eso tiene que ver con que el dólar pasó de $ 28 a $ 21 y los ingresos nominales se más que duplicaron, más que con una burbuja en el mercado inmobiliario. Aun así, los uruguayos nos escandalizamos, "¡Qué caro que está todo!".

Con una inflación estabilizada por debajo de 10% e incluso con la posibilidad de cubrirnos fácilmente de esa suba con unidades indexadas, quizás sea tiempo de que los uruguayos empecemos a confiar en nuestra propia moneda y dejemos el dólar para las transacciones con el exterior. Debemos ser conscientes de las opciones que elegimos para nuestros ahorros, y no dejarnos llevar por las falsas creencias y los consejos anacrónicos. Desterremos al billete verde de nuestras preocupaciones cotidianas y tomemos decisiones en la moneda en que ganamos y en la que se fundamenta buena parte de nuestra canasta de consumo.

Adiós a los mitos y las verdades a medias

(POR FEDERICO COMESAÑA)
Fecha
27/Ago/2012
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