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Los desafíos del próximo año

2013


CARLOS STENERI

Todo hace suponer que el 2013 continuará ofreciendo un entorno benigno para las economías emergentes. Resueltas las transiciones políticas en las dos economías más grandes del mundo, sus desafíos económicos lucen manejables.

China continuará su senda conservadora en materia de política económica, con la pretensión de aterrizar su tasa de crecimiento en la planicie de su tasa sustentable del 8%. Sobre ello apuntarán todas sus políticas, hecho facilitado por esa suerte de centralismo autoritario que le otorga su paradigma político. No habrá sorpresas en materia cambiaria, salvo las dificultades que le impone el debilitamiento sistemático de las monedas "fuertes" como el dólar y el euro, para mantener su clásica postura de un tipo de cambio competitivo.

En los hechos el yuan se ha apreciado en los dos últimos años como resultado de ese fenómeno.

Por otro lado, Estados Unidos muestra indicios de un aceleramiento de su tasa de crecimiento, hecho que aleja el riesgo de una recesión. Además, su sistema político ha comenzado a tejer estrategias para resolver el riesgo de caer en un "fiscal cliff", el cual a través del impacto simultáneo de la eliminación de exoneraciones impositivas y reducción del gasto haría abortar la recuperación incipiente. Y por encima de ello, la postura en clave expansiva de la Reserva Federal, cuyo resultado puede resumirse en niveles de altísima liquidez internacional con tasas reales de interés muy bajas o incluso negativas al considerarse la inflación internacional vigente.

Aunque Europa sigue enredada en sus problemas, cuesta creer que la impericia o los nacionalismos primen sobre lo que tienen que hacer. Sería imperdonable que sumieran al resto del mundo en una recaída de la crisis, dicho lo cual no exime que el viejo continente no vaya a vivir tiempos que serán recordados como el de una década perdida. Cuando la desocupación de los jóvenes ronda el 50% como en el caso de España o Grecia, la destrucción de capital humano y las rasgaduras en la urdimbre social llevarán tiempo para ser recompuestas.

LA REGIÓN. De todos modos, aunque a marcha lenta, ese mundo hará que nuestra región pueda navegar la coyuntura sin mayores sobresaltos. Los precios de las materias primas continuarán firmes, salvo las correcciones propias de la normalización de eventos climáticos que pueden colocar a las cotizaciones de ciertos alimentos en niveles de menos euforia. Los precios de los metales han encontrado cierto piso después de las correcciones drásticas dado el menor de actividad mundial, pero todavía están en niveles capaces de atraer inversiones en sus grandes exportadores regionales.

Por tanto, ante esa coyuntura que en general luce benigna, nuestros países disfrutan de una situación externa sin paralelo reciente, tanto sea en lo comercial como en lo financiero. En tanto, los desequilibrios y las dificultades que presentan algunos de los países de la región son de cosecha propia, sea por omisión, factores estructurales o mera impericia.

Es así que la totalidad de los países de América Latina, proyectan tasas de crecimiento por encima de su tendencia histórica, incluyendo Argentina. Brasil converge hacia la misma aunque desde abajo, atrapado en el dilema entre el combate a la inflación y el crecimiento. Venezuela continúa con los peores indicadores de nivel de actividad e inflación del continente.

URUGUAY. Arrastrado por esa marejada, Uruguay también proyecta niveles de crecimiento alineados con sus pares regionales, pero que en los hechos implican un descenso de los niveles estelares del quinquenio pasado. De por sí era un hecho esperable, pues en esa etapa fueron usados los márgenes de capacidad ociosa disponible y se agotaron la mayoría de las fuentes de aumento de productividad dormidas.

De ahora en más, seguir creciendo a ritmos altos será fruto de recrear fuentes de crecimiento a través de la inversión física y en capital humano. Y en paralelo, consolidar la performance macroeconómica a través de un cierre fiscal más estricto acompañado con niveles de inflación más bajos de manera tal de no hipotecar los avances en esa materia.

Objetivamente, en ambos aspectos estamos en presencia de una suerte de estancamiento, que tiene visos de retrocesos.

En lo que se refiere a la inversión física hay consenso generalizado, inclusive oficial, que la misma está por debajo de lo necesario. La figura estrella para liderar el proceso, las asociaciones públicas privadas (APP), aún no ha aparecido. Y tiene todas las perspectivas que continuará su eclipse por tiempo indefinido. Las razones pueden ser varias, pero lo cierto es que no ha funcionado y no hay en vista un mecanismo sustitutivo. Máxime cuando la estructura del presupuesto supuso que ese mecanismo era el encargado de llevar adelante esas inversiones con aportes del sector privado, generando así "espacio" fiscal para destinarlo, entre otras cosas, a mayor gasto corriente.

A su vez, el Estado como ejecutor de obra pública, muestra incapacidad para llevar adelante obras de envergadura. Es entonces cuando al presidente Mujica le asiste razón al decir que se debe evitar el "apagón logístico", cuando hace referencia a esas limitaciones. El tema AFE es un ejemplo crucial de inoperancia ejecutiva, en este caso ayudado por intereses corporativos que han frenado todo esfuerzo en un área clave como lo es el transporte de cargas. Las empresas públicas tampoco se salvan de esa crítica cuando las obras proyectadas, en su mayoría estándares para el sector privado, en su ejecución exceden con creces los plazos previstos. Mientras es posible para el sector privado montar en tiempo una pastera colosal en un predio descampado, trasladando contingentes enormes de mano de obra y su entorno logístico, la modernización de la refinería de Ancap viene postergando sucesivamente su inauguración, hecho que se traduce en costos encubiertos para al sector transporte. Situaciones similares pueden constatarse a lo largo y ancho del sector público, lo que confirma las dificultades que tiene el Estado para contribuir al aumento de la productividad global.

Por vía paralela transcurren los argumentos del deterioro de nuestro sector educativo. Los resultados no se condicen con el aumento sustancial de los recursos que se le asignaron en los últimos años. Sus causales son más profundas que la disponibilidad de más recursos; en realidad enfrentamos otra forma de apagón cuyas implicancias negativas son aún más serias que las carencias en inversión física.

EL FISCO. Por último, se ha venido descendiendo en la escalera de la consolidación fiscal a pesar del crecimiento permanente del PIB y la recaudación impositiva. Lentamente el superávit fiscal primario (saldo previo al pago de intereses) se ha venido diluyendo lentamente. Y de manera más acelerada si se tiene en cuenta que el endeudamiento del gobierno se viene financiando mayoritariamente a través de instrumentos en unidades indexadas a la inflación. Por esta vía, solo se paga fiscalmente el componente real de la tasa real de interés, pues el ajuste inflacionario se capitaliza en el valor del bono. Desandar el camino logrado con tantos esfuerzos incrementa los riesgos. Nos venimos acostumbrando a que para cada hecho negativo en materia fiscal, aparezca una justificación exógena tal como el régimen de lluvias que afecta los costos de generación eléctrica u otros de especie similar. Pero lo que es transitorio fue adquiriendo visos de permanente, para lo cual lo adecuado es actuar en consecuencia y sin demoras.

A eso hay que agregarle el desvío sistemático de la inflación, la cual ha convergido a niveles cercanos a los temidos dos dígitos. Aunque para nuestro país nunca ha sido un tema fácil, tampoco es cuestión de entrar en la complacencia asumiendo como se ha dicho que inflaciones rondando el 7% pertenecen a una zona de confort. Bajo ese escenario, cualquier shock exacerba al alza ese indicador, complicando el manejo macroeconómico, y al resto de las políticas entre la política salarial y cambiaria.

Por tanto, ante un año entrante que tiene todos los visos de aportar un entorno internacional benigno, deben hacerse todos los esfuerzos para reencauzar los aspectos señalados, que no hacen otra cosa que mellar el crecimiento del país y agregar vulnerabilidades.

Fuente: Economía y Mercado, El País

Fecha
15/Dic/2012
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